En una zona rural apartada en Sonora, una comunidad ganadera y un equipo de conservacionistas hallaron algo inesperado. Te llevamos entre bastidores y conversamos con el equipo sobre su descubrimiento y lo que este significa para la recuperación de la especie.
Hacia el interior de Sonora
Aquel día, cuando Juan Haro salió a revisar las cámaras trampa, no tenía ni idea de lo que le esperaba.
Desde junio de 2025. Juan trabaja en Wildlands Network, motivado por el trabajo de conservación de la fauna silvestre, un esfuerzo que integra la ciencia de campo y la participación de comunidades locales. Una mañana de octubre, este interés lo llevó al inicio de un sendero en una zona rural de Sonora.
Llegar a las cámaras trampa colocadas en la sierra montañas no es una tarea fácil. En esta época del año el aire empieza a dejar atrás el intenso calor del verano. Las mañanas se vuelven más frescas y una brisa constante recorre las laderas, lo que hace que la caminata sea mucho más agradable, aunque sigue siendo demandante.
El trayecto comienza por un camino de tierra en mal estado por el que sólo se puede circular en un vehículo 4×4 y que conduce a un rancho, donde termina el camino. A partir de ahí, el trayecto se convierte en una exigente caminata que hay que continuar a pie.
La caminata dura unas dos horas por un estrecho sendero que asciende por las montañas. Al final del empinado sendero se encuentra un pequeño manantial natural, un oasis frecuentado por la fauna silvestre. Es allí, en ese rincón remoto y apartado de las montañas, donde la cámara trampa esperaba en silencio.
Desde la ubicación de la cámara, la vista se abre hacia el oeste. De la parte alta del cañón se puede ver cómo la sierra desciende gradualmente hacia una planicie árida, creando un paisaje espectacular que contrasta con el tranquilo oasis escondido entre la vegetación.
La cámara trampa se instaló a mitad de camino en un profundo cañón rodeado de matorral espinoso. Aquí brota el pequeño manantial durante todo el año, alimentando un modesto abrevadero construido por miembros de la comunidad local para abastecer de agua a su ganado, durante la estación seca. A diferencia de muchas otras fuentes de agua de la región, este manantial nunca se seca, esto lo convierte en un recurso vital tanto para la fauna silvestre como para los rebaños domésticos.
La disponibilidad permanente de agua favorece el crecimiento de árboles altos y maduros, con troncos gruesos y copas amplias que proporcionan abundante sombra. La vegetación es abundante y densa, y el aire es notablemente más fresco que en el paisaje circundante, que lo convierte en un lugar de descanso ideal, no sólo para excursionistas, sino también para las numerosas especies de fauna silvestre que acuden a beber.
La imagen que cambió todo
Cuando Juan Haro recuperó la tarjeta de la cámara trampa, la entregó a Carlos Castillo, nuestro Director del Programa del Noroeste de México, y él pudo ver por primera vez una extraordinaria secuencia.
La cámara trampa había captado primero, una serie de seis fotos de un halcón gris, aterrizando en el abrevadero, para luego planear hasta una roca del arroyo y alejarse volando justo antes de que algo impensable apareciera en la pantalla. En las tres imágenes siguientes aparece un cachorro de jaguar. Primero, con calma y sin prisas, justo en la esquina del abrevadero donde acababa de posarse el halcón; luego, tras haber espantado al ave, lo sigue río abajo, y en la tercera foto sólo se ve la punta de su cola antes de que desapareciera del encuadre. Las fotos estaban granuladas, como siempre pasa con las imágenes de las cámaras trampa, pero las rosetas eran inconfundibles.
En las semanas anteriores se había descubierto una pareja en la zona, los primeros jaguares avistados en más de cuatro décadas. Primero apareció un macho, lo cual fue emocionante, pero no inusual, pues se sabe que los jaguares machos vagan lejos de su área de distribución. La hembra era diferente. Las hembras rara vez se alejan mucho de su hogar, y su presencia significaba algo importante, que estos felinos no estaban simplemente de paso.
La cría que les seguía lo confirmó: se trataba de una pareja. El personal de Wildlands Network les puso nombres en la lengua indígena Yaqui: al macho, Kawi, que significa «montaña»; a la hembra, Ania, que significa mundo, apoyar o proteger, en referencia a la próxima generación que ya estaba criando; y a su cría, Naawa, que significa «raíz».
Los jaguares no solo vivían, sino que se reproducían en un territorio donde no se había visto ninguno en cuatro décadas. Una familia había pasado desapercibida. ¿Cuántas otras más habra? Los avistamientos fueron el resultado de meses de vigilancia y de una colaboración cada vez mayor con las personas propietarias locales, que haan abierto sus tierras para facilitar el trabajo.
Dado que 95 % de las tierras de México son de propiedad privada o comunal, ese tipo de colaboración constituye la esencia de cómo opera Wildlands Network en la región. Trabajamos de la mano de las comunidades ganaderas, establecemos acuerdos de conservación voluntarios y diseñamos corredores que conectan los hábitats restantes del jaguar a lo largo de Sonora, Arizona, Chihuahua y Nuevo México. El descubrimiento de una pareja de jaguares aumenta la importancia de todo esto.
Nos reunimos con Carlos Castillo para hablar sobre el momento en que él y su equipo vieron esas imágenes y lo que significa para nuestro trabajo en próximas etapas
Llévanos de vuelta al momento en que viste esas imágenes. ¿Qué pensaste en ese instante?
Carlos Castillo: Cuando vi por primera vez las imágenes de los jaguares adultos y luego la de la cría, fue un sentimiento mezclado, por un lado, una gran alegría de confirmar algo que nos habían comentado, pero no estábamos seguros de que pudiera ser posible, por la poca información sobre esta especie en la zona y la cercanía con un ecosistema donde no hay registros de ocupación. Y, por otro lado, sentí preocupación por las amenazas que encuentran siempre estos hermosos animales cuando entran en conflicto con las actividades productivas de las comunidades rurales, particularmente con la ganadería, además de las dificultades a las que se enfrentan con la fragmentación de su hábitat y las vías de comunicación que conectan la región y que no consideran las necesidades de movilidad de estos animales.
Hacía casi 40 años que no se registraba la presencia de jaguares en esta zona. ¿Qué nos indica la presencia de una pareja reproductora sobre este paisaje?
CC: La presencia de estos animales en esta zona en particular puede indicaros que son más adaptables de lo que pensábamos. Y también que las prolongadas sequías han forzado a estos animales a moverse a sitios donde hay fuentes de agua permanentes y poca densidad de población humana.
¿Qué significa la presencia de una pareja reproductora en esta región para el corredor del jaguar en su conjunto, que se extiende desde Arizona hasta Argentina?
CC: La presencia de una pareja reproductiva adicional en el estado de Sonora (su porción más norteña en todo el continente) nos indica que estos animales encuentran la forma de adaptarse a sitios más inhóspitos, pero donde es crucial la presencia de fuentes de agua. También nos indica que la población de herbívoros, que son parte de su dieta, se encuentra saludables. La presencia del jaguar como la de otros grandes carnívoros siempre son indicadores de buena salud del ecosistema, y esto significa un reto importante para su conservación.
Las áreas protegidas de México solo cubren una pequeña parte del hábitat que necesitan los jaguares. ¿Cómo contribuye la conservación de terrenos privados a cubrir esa carencia?
CC: Debido a la dificultad de establecer nuevas áreas protegidas mediante decretos gubernamentales, los esquemas de conservación voluntaria se han convertido en una herramienta flexible y eficiente para implementar acciones de conservación en el complejo mosaico de la tenencia de la tierra en México. Las recientes reformas a la Ley Ambiental del estado informada e inspirada por Wildlands Network, mediante la cual se incorporaron por primera vez en una legislación en México los Contratos del Derecho Real de Conservación, tienen mayor relevancia para el objetivo de conectar las áreas protegidas entre sí y áreas que son altamente importantes como corredores biológicos para especies clave como el jaguar.
Este hallazgo fue posible gracias a que lass personas propietarias locales abrieron sus tierras. ¿Cómo se consigue generar esa confianza?
CC: La relación con esta comunidad empezó a principios de los años noventa y a lo largo de más de 30 años se ha mantenido una relación intermitente que culminó con la intención de establecer un área de conservación voluntaria. Cuando se hizo este plan todavía no teníamos información ni registros de la presencia de jaguar. Sin embargo, establecí una relación de persona a persona con miembros clave de la comunidad, lo que les dio la confianza para compartirnos esta información con la primera imagen de un jaguar en la zona. Estas relaciones se construyen a lo largo de muchos años y explicando a la gente claramente cuáles son los objetivos que buscamos y como pueden ellos como comunidad verse beneficiados.
¿Qué significaría para la recuperación del jaguar que Wildlands Network pudiera ampliar esta labor?
CC: El expandir nuestro trabajo a otros lugares con alto potencial de ser hábitat importante para el jaguar y sus movimientos locales o regionales nos permitiría tener más información para dirigir los esfuerzos de conservación de tierras y la sensibilización de comunidades rurales sobre la importancia de proteger a esta especie.
Gracias al financiamiento que recibimos hemos propuesto mejoras a las vías de comunicación, que permiten el flujo natural de la fauna silvestre y, hemos monitorado sitios que, de acuerdo con los modelos de su distribución potencial, son lugares que podrían integrarse a la red de áreas de conservación, ya sea como áreas naturales protegidas o área destinadas voluntariamente a la conservación, como ya lo hicimos con el Rancho El Calabozo en Sahuaripa.
Kawi, Ania y Naawa ya estaban allí antes de que nadie se diera cuenta de que había que buscarlas. Se necesitaron años de trabajo para establecer vínculos, innumerables horas de recorridos para revisar las cámaras y la confianza de las personas propietarias locales para encontrarlos. Y encontrarlos es sólo el principio. Construido rancho a rancho, cruce a cruce, frontera a frontera, su corredor en expansión ofrece un modelo para la conservación binacional. La inversión continúa en este paisaje y en las comunidades que lo comparten con los jaguares, y esta es la forma de garantizar su futuro.
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