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Qué podrá significar para el medio ambiente el reciente cambio político en México

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El primero de junio el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador fue elegido como nuevo Presidente de México, marcando un cambo enorme en el gobierno, ya que promete acabar de raíz con la corrupción, considerada por la mayoría de los mexicanos, la causa principal de inequidad y violencia prevalentes que plagan al país.

Si logra ese único propósito, sin una agenda ambiental estratégica, el movimiento ambientalista en México ya quedaría en una mejor posición, pues la corrupción ha impactado severamente al medio ambiente en la forma de autorizaciones ambientales exentadas, la falta de aplicación de las leyes hechas para proteger el ambiente y, lo que ha causado más daño, los ataques a defensores ambientales que se oponen a mega-proyectos que cuentan con respaldo del gobierno.

López Obrador va a gobernar con una mayoría de su partido en ambas cámaras del Congreso, lo que le dará el poder de aplicar cambios legislativos rápidos, muy probablemente enfocados a temas de justicia social, pero que también se espera se extiendan a la arena de la justicia ambiental. Los estados y municipios en los que hubo elecciones, también votaron masivamente por MORENA, el partido de sólo cuatro años de López Obrador—incluyendo mi ciudad Hermosillo—lo que abre la oportunidad de replicar rápidamente los cambios progresistas a nivel federal, en leyes locales. Esto también trae esperanza a comunidades, protegidas en la constitución pero que no son debidamente representadas a nivel local, como los indígenas, dueños de una parte importante de las tierras mejor preservadas en México, y la comunidad LGBTQ+.

La justicia social es el lugar obvio por el que empezar

López Obrador, o AMLO como se le llama comúnmente por sus iniciales, no se ha distinguido por proponer cambios ambiciosos a la política ambiental, ya que sabe qué es lo que más preocupa a los votantes mexicanos y, lamentablemente, no estamos en ese punto. La gente exige justicia económica y la eliminación de la violencia sistémica, el establecimiento de un estado de derecho y el aumento de transparencia en todos los aspectos del gobierno. Aun así, hay algunas cosas que debería poder lograr y que tendrían un impacto inmensamente positivo en el medio ambiente y en el movimiento de conservación en México.

Los pueblos originarios de México, como el hombre Yaqui en la imagen, pueden jugar un papel crucial como protectores de la naturaleza. Bajo administraciones recientes, han tenido que defender sus tierras de mega-proyectos ilegales, convirtiéndose en el blanco de un creciente número de ataques en los que los gobiernos locales y federales han sido acusados de complicidad. Foto: Juan Carlos Bravo

La violencia en contra de los defensores ambientales ha incrementado gradualmente en años recientes debido a los lazos de las pasadas dos administraciones con megaproyectos, que se promueven a costa de las comunidades locales y su tierra. En mi estado, Sonora, el acueducto y gasoducto que impactan al territorio Yaqui han tenido como resultado varias confrontaciones violentas, múltiples activistas encarcelados y secuestrados, y dos personas muertas.

Por todo México, el patrón se repite, con la minería y los proyectos hidroeléctricos completando la película. En cada caso, los gobiernos federales o estatales han sido cómplices—a veces incluso directamente responsables—de los ataques a los defensores ambientales, tal como ha sido documentado anualmente por CEMDA, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental. Aquí es donde espero ver un cambio. Aquí es donde tiene más sentido empezar.

Aunque López Obrador tiene vínculos con grandes empresarios, la compañías extractivas principales, incluyendo Grupo México (una de los consorcios mineros más grandes del mundo) expresaron su oposición a él durante la campaña electoral, a través de un llamado colectivo al que se sumaron Carlos Slim (infame por haber arrebatado el título de El hombre más rico del mundo tres veces a Bill Gates) y otros miembros de la élite corporativa de México, una maniobra que seguramente les resultó contraproducente pues los votantes la percibieron como un intento desesperado de los truhanes del 1% por detener la marea de cambio.

Vale la pena recordar que Grupo México fue responsable del mayor desastre ambiental en la larga historia minera de México en el 2014, también en Sonora, cuando derramaron 40 millones de metros cúbicos de ácido sulfúrico y sulfato de cobre en los ríos Bacanuchi y Sonora, a raíz de la negligencia crónica de las normas de protección ambiental. Los directivos de Grupo México seguro están preocupados de que la justicia finalmente los alcance, ahora que perderán la protección que los gobiernos previos les proveían tácitamente.

La nueva administración tiene la responsabilidad de acabar con la impunidad en los crímenes ambientales y claramente no tiene lazos bajo la mesa, con los sospechosos de siempre. Debe permanecer imparcial y aplicar la ley en todas las cosas relacionadas a la protección, remediación y mitigación contra daños al medio ambiente, a la vez que protege los derechos de las comunidades sobre su tierra y sus recursos. Debe actuar rápidamente en todos las violaciones a los derechos humanos de las que son víctimas los defensores del medio ambiente si quieren cumplir la expectativa de más de la mitad del electorado.

La pobreza en todo México resulta en la extracción ilegal de recursos naturales como un medio de supervivencia, como en el caso de la tala ilegal de encinos en las Islas del Cielo de Sonora. Reducir la pobreza, si se acompaña de programas adecuados de conservación y restauración, puede tener un impacto positivo en reducir la extracción no regulada. Foto: Jan Schipper

Los periodistas han sido golpeados aun más fuerte que los defensores ambientales, haciendo de México uno de los países no en guerra, más peligrosos para ser un miembro de la prensa. También aquí hay razón para esperar que López Obrador pueda tener un impacto positivo en asegurar condiciones adecuadas para una prensa libre y efectiva ya que, aunque muchos incidentes de violencia están relacionados con la corrupción y los lazos de los gobiernos locales con el crimen, la falta de una respuesta federal eficaz y rápida fomenta la impunidad y alienta que haya más ataques. López Obrador tiene la oportunidad de permitir que la prensa libre prospere. En un una democracia con una prensa fuerte y libre, las causas ambientales encuentran más terreno fértil para evolucionar y atraer apoyo, lo que nos da más razones para tener esperanza.

Lo que sabemos de la estrategia y de la estratega

Las Áreas Naturales Protegidas han sufrido embistes muy intencionales para debilitar su financiamiento por parte de la administración de Peña Nieto; cualquier esfuerzo por revertir esta tendencia será bien recibido por la comunidad de conservación en México. Foto: Juan Carlos Bravo

El sentimiento de cambio y esperanza es fuerte en México, y un optimismo cauto se justifica en general, aunque no anticipo una gran revolución para la conservación de la fauna silvestre en los próximos seis años. Josefa González, la elegida por Obrador para ser futura Secretaria de Medio Ambiente parece estar enfocada en temas de justicia ambiental y en resolver los conflictos de tierras y recursos que ya existen, algo que, dado el estado de las cosas, tiene mucho sentido. González se ha manifestado en contra del fracking (técnica de extracción de gas por fracturación hidráulica cuyo costo ambiental es altísimo) y de la inadecuada consulta pública previa a la aprobación de proyectos de desarrollo mayores.

¿Pero tendrá el tiempo y la visión para promover reformas al manejo de la fauna silvestre, políticas de conectividad de hábitat, financiamiento y manejo adecuado para las Áreas naturales Protegidas y aplicación de la ley en los ataques a especies protegidas? ¿Estará abierta a la idea de proteger el 50% de México para cumplir con nuestra cuota de la visión de La Mitad de la Tierra del Dr. E.O. Wilson (parámetro considerado como mínimo necesario para la persistencia de la biodiversidad del planeta)?

Es pronto para saberlo, aunque creo que es probable que encontremos una aliada en Josefa González. La responsabilidad de impulsar el cambio radica entonces en los ciudadanos mexicanos: Es nuestro deber informar y educar a la administración entrante sobre el potencial de agendas positivas para re-silvestrar, proteger tierras silvestres, ecología de carreteras y otros temas ambientales cruciales. Si México va a convertirse en una democracia madura, debe empezar a cumplir incluso sus obligaciones ambientales más progresistas.

Grandes retos y no poca incertidumbre

No todos los avances ambientales dependerán de la habilidad de la nueva Secretaria de Medio Ambiente. Líderes nuevos en el resto de la administración también tendrán un impacto en los temas ambientales, incluyendo el otorgamiento de permisos de carreteras y otros desarrollos, la gestión adecuada del agua, la eliminación de incentivos perversos para expandir la frontera agrícola y el mejoramiento de las prácticas forestales. Así es que, hasta que sepamos más sobre como van a ser pobladas las agencias clave, no podremos evaluar la escala potencial del cambio.

Es poco probable que iniciativas de re-silvestrización ambiciosas como la reintroducción del Lobo mexicano, vean muchos cambios en una administración con una agenda fuertemente enfocada a reducir la deuda social con los Mexicanos. Foto: CONANP

Finalmente, el nuevo presidente y su Secretario de Relaciones Exteriores tendrán que lidiar con el vecino incómodo del norte y su necesidad, sobre-compensatoria de un muro “grade y hermoso”. México seguirá sin pagar por él pero muchos esperamos una actitud más firme en este tema.

En lo que a la migración se refiere, aunque no es el problema que se pretende hacer creer en los Estados Unidos, todos, incluida la fauna, nos veremos beneficiados con un enfoque estratégico y humanitario al problema. Y aunque, aun con las mejores intenciones y el equipo más capaz, se requeriría más de un sexenio para acotar la pobreza en las áreas rurales que son fuentes de migración forzada hacia la frontera norte, al menos parece que a esta administración será más  receptiva a la idea de fomentar economías de restauración en dichos lugares, abordando así los profundos problemas ambientales y sociales simultáneamente.

Lo que realmente me da más esperanza de la que he tenido en mucho tiempo es el porcentaje tan alto (63%) de votantes que se presentaron en las urnas. Esto no es el movimiento de López Obrador; este es el momento de México. Los ciudadanos de México están diciendo “Necesitamos un cambio masivo y lo necesitamos ya”, y les recordaremos sus promesas a López Obrador y su equipo, mientras avanzamos a mejorar nuestro país, para la gente y para la fauna.

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